Etc…

¿Marcos? No, gracias

Es ese nuevo paradigma de laboratorio fotográfico, que son los programas de edición digital, que hace posible que con frecuencia el osado usuario recurra a todo tipo de ornamentos y accesorios que le ofrece el software, sin ser consciente que al introducir la fotografía en un marco artificial reduce el alcance artístico de sus fotografías. Ya que ese es un elemento más del conjunto de la imagen, un suplemento connotativo de su fotografía. Algo así como un elemento fijo que, como en las viejas películas de dibujos animados, soporta de manera artificial el desarrollo de la acción de los personajes.

Así nos encontramos con álbumes de usuarios de redes sociales como Flickr, repletos de estos artificios innecesarios. Usuarios que construyen sus imágenes como si de postales turísticas se tratara. Mención aparte a las firmas, autógrafos que adornan las esquinas de sus estampas. Nada decimos de las marcas de agua, que todo lo más son intentos por preservar la violación de la autoría de las imágenes.

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Huang Qingjun y Ma Hongjie: Family Stuff

Hace unos tres años, el Espai Cultural Obra Social Caja Madrid en Barcelona acogió la exposición «Familias del mundo». La muestra era el resultado de un proyecto del fotoperiodista Peter Menzel que, junto a otros 16 fotógrafos, recorrió el mundo pasando por 30 países en diferente grado de desarrollo. El objetivo de este trabajo era mostrar la vida de una familia media en distintos países del mundo, a partir de una fotografía única en la que aparecía la familia con todas sus pertenencias (muebles, electrodomésticos, libros, cuadros, etc…) desplegadas en el exterior de su vivienda.

En estos momentos, los fotógrafos Huang Qingjun y Ma Hongjie están llevando a cabo un proyecto prácticamente idéntico al de Menzel aunque centrado exclusivamente en China. El trabajo, que lleva por título «Family Stuff», comenzó en 2005 y está previsto que finalice en 2011. La intención de Huang Qingjun y Ma Hongjie es hacer un retrato realista de la sociedad china contemporánea, en la que tradición, modernidad y desarrollo económico se encuentran en constante conflicto.

Simon Norfolk: For most of it I have no words

En 2008 se cumplieron 60 años de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, adoptada por la Asamblea General de la ONU el 9 de diciembre de 1948. La fecha evoca a Raphael Lemkin, un abogado polaco que solicitó a la Sociedad de Naciones, el origen de la ONU, que se declararan como «actos de barbarie» cualquier forma de exterminio masivo de personas. Tras la invasión nazi de Polonia en 1939, Lemkin se unió a otros judíos para organizar la resistencia. Sobrevivió a la matanza huyendo a Suecia y luego a Estados Unidos. En 1943, acuñó la palabra «genocidio», a partir del término griego «genos» (familia, tribu o raza) y del latino «cidere» (forma combinatoria de «caedere», que significa matar), para, como dijo, muchos años después, Kofi Annan, «dar un nuevo nombre a un viejo crimen».

El fotógrafo británico Simon Norfolk dedicó cuatro años de su vida a documentar lugares marcados por la historia, espacios en los que miles de personas murieron víctimas de matanzas masivas e indiscriminadas. Desde la masacre de los herero y los namaquas en la actual Namibia en 1904, de la que ya no queda rastro alguno, hasta la lucha genocida entre los hutus y los tutsis en Ruanda en 1994, aún reciente en la memoria colectiva. El resultado es «For most of it I have no words: genocide, memory, landscape», una obra que nos habla de las huellas de la barbarie y la erosión de la memoria.

Matteo Ferrari: Automotive Monogamy

Mientras me documentaba para escribir la entrada «La mirada del otro» me topé con un curioso trabajo del fotógrafo Matteo Ferrari. El proyecto, que lleva por título «Automotive Monogamy», podría englobarse en la categoría de refotografía, una práctica, sobre la que ya hablé en las entradas dedicadas a los trabajos de Christopher Rauschenberg y Douglas Levere, que consiste en la recreación de fotografías con la intención de documentar los cambios que ha experimentado un lugar o una persona en el tiempo.

Ferrari ha dedicado los últimos años a retratar a personas que han mantenido una inquebrantable fidelidad a un solo coche durante décadas. Comparando las fotografías originales y las fotografías actuales podemos hacer un interesante ejercicio de reflexión sobre la lealtad y el paso del tiempo.

La mirada del otro

El pasado miércoles 3 de marzo la galería 3 Punts de Barcelona inauguró la exposición «Vector Portraits» del fotógrafo Andrew Bush. Coqueteando con las fronteras del periodismo, la antropología y el arte conceptual, Andrew Bush se ha dedicado a retratar, durante casi diez años, decenas de conductores que transitan por la ciudad de Los Angeles y sus alrededores.

La intención del artista es poner en evidencia las fisuras existentes entre lo público y lo privado, en un contexto en el que la vista al frente en la carretera, la velocidad y el hermetismo del vehículo propician una ilusión de privacidad infranqueable y un desdén hacia el voyeurismo potencial.

Además de Bush, muchos otros autores han desarrollado trabajos que giran en torno al concepto de automóvil como espacio íntimo y personal expuesto a la mirada del otro, enfocándolos desde diferentes puntos de vista.

En su serie «Traffic», el francés Jean-Christian Bourcart intenta capturar la melancolía y la resignación de conductores y pasajeros atrapados en atascos de tráfico en la ciudad de Nueva York.

En su serie «Streets, Cars and Drivers», el alemán Gosbert Adler retrata a conductores de la ciudad italiana de Reggio Emilia justo en el instante en que sus vehículos están parados ante semáforos en rojo.

En sus series «Rodeo drive» y «Rodeo men», el norteamericano Michael Butler retrata a conductores de Beverly Hills, uno de los barrios más lujosos de la ciudad de Los Angeles.

En su serie «Transvoid», el holandés Roderik Henderson retrata a personas que se resguardan del frío en sus vehículos en varios aparcamientos de Canadá.

El norteamericano Anthony Scrocca retrata coches en movimiento justo en el momento en el que los rayos del sol iluminan su interior.

Siguiendo un planteamiento similar, la española Camino Laguillo fotografía ese breve instante en el que las sombras de un coche pasan a ser parejas, madres con sus hijos, compañeros de trabajo o personas solas.

Enric Montes: El viaje vertical

El pasado miércoles me pasé por la librería Kowasa y me topé con un pequeño libro titulado «El viaje vertical» de un fotógrafo que no conocía, Enric Montes. Según explica Montes, «El viaje vertical» es el primer título de una trilogía en forma de diario fotográfico que abarca ocho años de trabajo. «El viaje vertical» refleja un viaje interior, de iniciación y reconocimiento del mundo. Trata de cómo ver la realidad a través de los ojos de un recién llegado que se deja llevar por la seducción de la aparente normalidad del entorno y constata que está lleno de sorpresas.

Frank Yamrus: Rune Lagu

Según Michael Mascha, autor del libro «Fine Waters: A Connoisseur’s Guide to the World’s Most Distinctive Bottled Waters», actualmente existen más de 3.000 marcas de agua embotellada en todo el mundo. Los norteamericanos son los mayores consumidores de agua embotellada con 32 billones de litros al año.

La industria del agua embotellada ha crecido considerablemente en los últimos treinta años convirtiendo una necesidad en un artículo de diseño. Teniendo en cuenta que no se ha demostrado que el agua embotellada sea más sana que el agua de grifo; que se necesitan 17 millones de barriles de petroleo para producir las botellas de plástico utilizadas en los Estados Unidos en un año; que el 86% de las botellas de plástico utilizadas en los Estados Unidos se convierten en basura; y que el agua embotellada puede llegar a costar 10.000 veces más que el agua de grifo, su éxito parece ilógico e insólito.

El fotógrafo Frank Yamrus explora este curioso fenómeno con una serie de tipologías de botellas de plástico al más puro estilo Becher.

Técnica vs Creatividad

Vía espaifotografic.cat llego a un breve pero interesante artículo sobre técnica y creatividad en fotografía firmado por el fotógrafo de naturaleza Fernando Puche.

Puche se hace las mismas preguntas que me hago yo a menudo. ¿Por qué los manuales técnicos son los libros que más y mejor se venden? ¿Por qué los cursos que antes se llenan son aquellos que versan sobre cuestiones técnicas? ¿Por qué seduce tanto el conocimiento del «cómo» e interesa tan poco el conocimiento del «por qué»?

Nuno Cera: A room with a view

Hoy me he dado un paseo por la exposición «Atopía. Arte y ciudad en el siglo XXI» que acoge el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona hasta el próximo 24 de mayo. En la muestra podemos ver obras de grandes nombres de la fotografía contemporánea, como Andreas Gursky, David LaChapelle, Philip-Lorca diCorcia y Thomas Ruff, entre otros.

Me ha gustado especialmente el trabajo «A room with a view» del portugués Nuno Cera, una serie de fotografías tomadas desde varias habitaciones de hoteles alrededor del mundo, como el Hotel Park Inn de Berlín, el Hotel Fasano de São Paulo o el Hotel Arts de Barcelona. En las fotografías de Cera los paisajes urbanos se funden con el reflejo del interior de las habitaciones, creando así imágenes que contienen varias capas de información.

Masumi Hayashi: American Concentration Camps

El mes de febrero de 1942, tres meses después del ataque a Pearl Harbor, Estados Unidos toma una medida sin precedentes dirigida contra su propia población. Una orden dictada por el presidente Roosevelt decreta que unos 120.000 ciudadanos norteamericanos de etnia japonesa sean expulsados de sus hogares y sean encarcelados en una decena de campos de concentración situados en zonas aisladas de los estados de Utah, Wyoming, Arkansas, Arizona, California, Idaho y Colorado. De la noche al día, todos los norteamericanos japoneses se convierten en enemigos. No hay juicios ni condenas. Su único delito es ser japoneses de nacimiento o descendientes de japoneses.

El trabajo «American Concentration Camps» de la fotógrafa Masumi Hayashi nos habla de lo que queda de uno de los capítulos más oscuros de la historia norteamericana. El proyecto está inspirado en el concepto de panóptico, una cárcel ideal cuyo diseño permite a un vigilante observar a todos los reclusos sin que éstos puedan saber si están siendo observados o no. Los collages panorámicos de Hayashi ofrecen al espectador una visión de 360º de los campos, convirtiendo a éste en prisionero y en guardia al mismo tiempo.