Etc…

El tiempo al tiempo

Gracias a Rafa Pérez, descubro un bonito cortometraje, realizado por los fotógrafos Sergio Caro y Ernesto Villalba y el periodista José Carlos Castaño, titulado «El tiempo al tiempo». El film, que tiene una fotografía muy cuidada y un montaje impecable, narra la vida de Emilio, un relojero de Suflí, una localidad de la provincia de Almería, que ya apenas ve. Una historia sencilla pero desbordante de humanidad. Totalmente recomendable.

Michael Marten: Sea Change

Los que seguís este blog habitualmente ya sabéis de mi interés por los proyectos fotográficos enmarcados dentro de la categoría de refotografía, una disciplina que consiste en la recreación de fotografías con el objetivo de documentar los cambios que experimentan lugares o personas en el tiempo.

Tomando como punto de partida fotografías que superan, en algunos casos, el siglo de antigüedad, autores como Mark Klett, Douglas Levere y Christopher Rauschenberg, han desarrollado, como ya hemos podido comprobar en anteriores entradas, trabajos realmente interesantes en el campo de la refotografía. En el extremo opuesto encontramos a fotógrafos como el inglés Michael Marten, cuyo trabajo «Sea Change» se caracteriza, entre otros aspectos, por el reducido intervalo de tiempo que separa las fotografías de las refotografías.

Durante varios años, Marten se ha dedicado a recorrer las costas británicas con su cámara de gran formato para registrar los cambios que experimenta el paisaje como consecuencia de la acción de las mareas en el transcurso de apenas unos pocos días, e incluso horas, como podemos observar en el par de fotografías que encabezan esta entrada, tomadas en el estuario del río Medway en el condado de Kent con apenas cinco horas de diferencia. La confrontación de ambas imágenes, una obtenida durante el momento en que el mar alcanza su menor altura dentro del ciclo de las mareas y la otra durante el momento opuesto, pone claramente de manifiesto el impacto de un fenómeno natural que viste y desnuda las costas de nuestro planeta de forma recurrente. Sutilmente, el autor pretende con este trabajo hacernos reflexionar sobre las consecuencias de un hipotético aumento del nivel del mar como resultado de la expansión térmica de los océanos y el deshielo global.

La curiosidad

Siempre he creído que la curiosidad es uno de los rasgos humanos más infravalorados. Muchísima gente pierde esta cualidad, y la pierde a una edad muy temprana. Es como si su capacidad para absorber como una esponja todo lo que les rodea desapareciera de la noche a la mañana. Desde mi punto de vista, existe un estigma asociado a la curiosidad, como si ésta fuera un signo de inmadurez. En cierto modo es verdad, porque la curiosidad es un rasgo característico de la infancia, una etapa de la vida en la que uno es ingenuo e inocente. Si lo pensamos bien, ser curioso significa admitir nuestra propia ignorancia, y esto no está muy bien visto.

Steven Wilson

Phillip Toledano: The reluctant father

Seguramente muchos de vosotros recordaréis el entrañable relato titulado «Days with my father» del fotógrafo Phillip Toledano, en el que, a través de imágenes y textos cargados de sentimiento, nos hablaba de una vida que se apagaba, la de su padre.

Partiendo de un planteamiento similar, Toledano vuelve a la carga con «The reluctant father», una historia en la que, a diferencia de «Days with my father», nos habla del inicio de una vida, la de su primera hija, Loulou. Con la ironía y el sentido del humor que le caracterizan, el fotógrafo nos invita a acompañarle en el importante desafío que supone ser padre primerizo.

Toledano cierra con este nuevo proyecto el ciclo iniciado con «Days with my father», proponiendo así una interesante reflexión acerca de la vida y la muerte.

Visa pour l’Image 2010

El pasado sábado asistí por primera vez, tras varios intentos frustrados en años anteriores, al prestigioso festival internacional de fotoperiodismo Visa pour l’Image, que tiene lugar cada año en la pequeña ciudad de Perpiñán. Esta edición, que acaba el próximo 12 de septiembre, acoge una treintena de exposiciones, entre las que destacan retrospectivas como la de William Klein o la de William Albert Allard y la muestra que recoge los trabajos premiados en la última edición del certamen World Press Photo, además de multitud de actividades paralelas. Aunque el fotoperiodismo no es la rama de la fotografía que más me atrae, la experiencia, en líneas generales, ha sido positiva.

No creo que pueda añadir mucho más a lo que otros blogueros, entre los que podemos encontrar a Paco Elvira, Pedro Arroyo, Maria Rosa Vila, Víctor Calero, Alfons Rodríguez, Marcelo Caballero, Núria Gras, Rafa Pérez o Maria Abras, ya han escrito sobre la presente edición del Visa pour l’Image, pero me gustaría acabar esta entrada lanzando una pregunta al aire: ¿Cómo es posible que una ciudad como Barcelona sea incapaz de organizar (y consolidar en el tiempo) un festival de fotografía abierto al gran público con cara y ojos?

Bleda y Rosa: Campos de batalla

No sé si será algo inherente al ser humano, pero siempre me ha llamado la atención lo mucho que nos cuesta hablar bien de algo o de alguien. Destruir, escudándonos en una supuesta incorrección política, suele ser, tristemente, muchísimo más fácil. Ésta es una reflexión que me hago de vez en cuando y que viene al caso para reivindicar la obra de la pareja artística formada por los fotógrafos María Bleda y José María Rosa.

Partiendo de planteamientos formales y conceptuales que remiten al trabajo de los alemanes Bernd y Hilla Becher, toda la obra de Bleda y Rosa gira en torno a los efectos del paso del tiempo en lugares deshabitados pero cargados de historia. En su primer trabajo fijaron su mirada en esos campos de fútbol en desuso situados en los extrarradios de las ciudades donde pueden observarse las huellas de infinitas pequeñas historias individuales. A esta propuesta inicial, en la que ya ofrecían algunos de los rasgos que definen el total de su obra, le sigue, unos años más tarde, «Campos de batalla», un trabajo mucho más ambicioso.

Un cuadro de la Batalla de Almansa fue el punto de partida de este proyecto. Así nace un recorrido por 21 lugares de la geografía española en los que, tiempo atrás, se desarrollaron importantes batallas, desde la Caída de Numancia en el año 133 a. C. a la Batalla de Mendaza ya en el siglo XIX. Lugares míticos que han construido nuestra historia y que ahora son paisajes instalados en la normalidad, la propia que el paso del tiempo conlleva, lejos de lo épico y donde lo dramático está presente bajo forma de ausencia.

Tomando como referencia las pinturas conmemorativas de batallas de los siglos XVII y XVIII, la pareja de artistas opta por presentar estos escenarios ajenos a su propia historia en forma de dípticos que muestran fragmentos continuos de un mismo paisaje, acompañados por un título que alude a la contienda que tuvo lugar en cada uno de ellos. Se establece así un diálogo entre las imágenes presentes y lo allí acontecido que, al igual que el trabajo «For most of it I have no words» del fotógrafo Simon Norfolk, nos invita a reflexionar sobre el paso del tiempo y la huella que éste deja sobre el territorio.

Los amigos de lo ajeno

Si sois asiduos visitantes a cualquier foro especializado en fotografía seguramente habréis notado que hay una serie de temas que se repiten una y otra vez hasta el cansancio. Una de las discusiones más recurrentes es la que gira en torno al uso indebido de fotografías colgadas en la red por parte de terceras personas, un asunto de muy difícil solución, por no decir imposible.

¿Qué podemos hacer para minimizar (que no eliminar) el riesgo de que alguna de las fotografías que tenemos alojadas en nuestro servidor particular sea utilizada indebidamente? Personalmente, soy partidario de eliminar, en la medida de lo posible, nuestras fotografías de los buscadores de imágenes, como por ejemplo Google Images, ya que, bajo mi punto de vista, este tipo de buscadores se han convertido en la práctica en una mina para aquellos que piensan que todo lo que está en la red es de dominio público. Desengañémonos, no vamos a fidelizar a ninguno de los usuarios que lleguen a nuestra web por esta vía. No nos interesan.

¿Qué tenemos que hacer para evitar que los buscadores de imágenes más populares indexen nuestras fotografías? Solamente tenemos que crear y subir a la raíz de nuestro servidor un fichero de texto con el nombre robots.txt con el siguiente contenido:

User-agent: Googlebot-Image   # block Google Images
User-agent: Yahoo-MMCrawler   # block Yahoo Images
User-agent: MSNBot-Media      # block Bing Images
User-agent: psbot             # block Picsearch
Disallow: /

De esta manera eliminaremos nuestras fotografías de los buscadores de imágenes de Google, Yahoo, Bing y Picsearch. Por lo general, los cambios tardan unos días en hacerse efectivos.

¿Y si en lugar de un servidor propio alojamos nuestro trabajo en un sitio como Flickr? Más fácil todavía. Solamente tenemos que ir la configuración de privacidad de nuestra cuenta y marcar las casillas «¿Deseas ocultar tus fotos de las búsquedas en todo el sitio flickr.com?» y «¿Deseas ocultar tus fotos de las búsquedas en sitios de terceros que utilizan la API, incluso la Búsqueda de imágenes de Yahoo!?», como podemos ver en la siguiente captura de pantalla:

De esta forma eliminaremos nuestras fotografías tanto del propio buscador de Flickr como de los buscadores de imágenes más populares.

¿Y si alojamos nuestras fotografías en Blogger, o en WordPress.com, o en… ? Aquí ya no os puedo ayudar porqué no conozco estas plataformas a fondo. Tendréis que investigar por vuestra cuenta.

Como ya he dicho al principio, aplicar los pasos anteriores no impedirá que alguien encuentre por otras vías y utilice de manera indebida alguna de nuestras fotografías pero, al menos, no se las pondremos en bandeja.

Prosumidors i prosumers

La tecnologia digital ha apropat la fotografia a una mena d’usuari familiaritzat amb el llenguatge informàtic i acostumat a passar hores i hores davant l’ordinador, ja siga per feina o per pura distracció. La fotografia, doncs, esdevé per a ell, una distracció més, i és ací on, em sembla, apareix el prosumidor. Diguem-ho clarament, el prosumidor seria aquell usuari que no té cap intenció fotogràfica, que no disposa d’una cultura visual i que l’únic al·licient que hi troba és el de la joguina tecnològica. El prosumidor és un amant de la tecnologia que si fa fotografies és per allò que té de tecnològic i que si la tecnologia li ofereix d’ací a uns anys una joguina més atractiva, deixarà oblidada en un racó aquella càmera prosumer que tant l’havia seduït i no dubtarà en fer-ne el canvi. El problema, però, és determinar com l’actitud del prosumidor afecta al desenvolupament de la fotografia, saber si el gust pels HDR i altres efectes tecnològics d’aquests bricoleurs, si la reiteració de formes i temes d’aquests usuaris, tindrà cap mena de conseqüència sobre la fotografia conscient que s’interroga a ella mateixa com la tingueren els snapshoots, aquelles imatges maldestres i casuals dels primers fotògrafs aficionats de l’entresegles.

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Nijuman no borei

6 de agosto de 1945. 8:15 de la mañana. «Little Boy», la primera bomba atómica utilizada en un conflicto bélico, cae sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y la arrasa por completo. Miles de personas mueren al instante. A sólo 150 metros del lugar de la explosión, una estructura resiste en pie rodeada de escombros. Es la Cúpula Genbaku.

Gracias a Ricard Martínez, de Arqueologia del Punt de Vista, descubro un estremecedor cortometraje dirigido por el francés Jean-Gabriel Périot titulado «Nijuman no borei» («200.000 fantasmas», en castellano). Périot centra su pieza en este edificio construido en 1915 para servir inicialmente como centro de exposiciones y que actualmente constituye un símbolo de esperanza para la paz mundial y para la eliminación de todas las armas nucleares. A través de cientos de fotografías de archivo, Périot reconstruye la historia y los acontecimientos sucedidos en los años anteriores y posteriores a aquel fatídico 6 de agosto de 1945.