Siempre he creído que la curiosidad es uno de los rasgos humanos más infravalorados. Muchísima gente pierde esta cualidad, y la pierde a una edad muy temprana. Es como si su capacidad para absorber como una esponja todo lo que les rodea desapareciera de la noche a la mañana. Desde mi punto de vista, existe un estigma asociado a la curiosidad, como si ésta fuera un signo de inmadurez. En cierto modo es verdad, porque la curiosidad es un rasgo característico de la infancia, una etapa de la vida en la que uno es ingenuo e inocente. Si lo pensamos bien, ser curioso significa admitir nuestra propia ignorancia, y esto no está muy bien visto.
– Steven Wilson
2 comentarios en “La curiosidad”
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Yo siempre he pensado, contrariamente a lo que dictan las normas de «la buena educación», que la curiosidad es un signo de inteligencia, pues denota una mente activa y fresca que no se conforma con lo que ya conoce sino que busca sorprenderse con nuevos descubrimientos sean intelectuales o no. Me admira conocer personas que en su vejez no han perdido el gusto por el conocimiento sea del nivel que sea. Suelen ser más sabias, en su reconocida ignorancia y más ricas humanamente que aquellas soberbias que desprecian la curiosidad como un rasgo de inmadurez.
Gracias por el comentario, Olga! Estoy totalmente de acuerdo contigo.