El infierno

A mí me pasaba igual, pero por causas muy diferentes. Por carácter, sobre todo, pero también por ese temor que me acompaña desde pequeño a defraudar a la gente que, por la razón que sea, se te acerca, a ti o a tu obra, aparentemente con admiración. Aunque eso no es siempre así. Hay veces en que, al contrario, su aparente admiración esconde otras intenciones, no siempre reconocibles o confesables en alta voz. Cosa que me desconcierta mucho y que me llena de desazón cuando ocurre, pero que me descorazonaba aún más cuando comencé a moverme por aquel mundo que Cuesta y Suso consideraban, cada uno por razones diferentes, el infierno, pero que para mí tenía aún todo el atractivo de los lugares desconocidos y de los mundos cerrados que no están al alcance de cualquiera. Si bien que mediatizado por el temor que, al mismo tiempo, me producía.

El atractivo se desvaneció muy pronto. Tan pronto como lo conocí por dentro y confirmé todas mis sospechas; unas sospechas alimentadas a lo largo de muchos años de imaginarlo y de criticarlo y que contrastaba ahora con la realidad. Y eso que, desde el primer momento, parecía que todos se habían confabulado para hacerme sentir uno más en él.

Pero en ningún momento pudieron conseguirlo. Por más que lo intentaron unos y otros, desde la propia Corine, que ahora me trataba como antaño a Pepe Rubio y a Alvarado y me invitaba a todas sus fiestas, incluso a las más privadas, al último de los críticos, yo nunca me sentí bien entre ellos ni partícipe de aquel mundo del que, en teoría al menos, había entrado ya a formar parte. Al contrario, cuanto más lo conocía, más fuera de él me sentía, pese a que, por educación o miedo, disimulara mis sentimientos.

– Julio Llamazares, “El cielo de Madrid”

Un punto de partida

Un día Dorothea Lange vio mi trabajo y me dijo: “Ya sé lo que te pasa, Raphael, te falta un punto de partida”. A continuación, me explicó que si bajaba a la farmacia a comprar pasta de dientes, la probabilidad de encontrar una fotografía memorable era mucho mayor que si me paraba en una esquina de la calle esperando a que ocurriera algo. Afirmaba que todo fotógrafo ha de tener un plan, un punto de partida. Este consejo se convertiría en la columna vertebral de mi proceso creativo.

– Ralph Gibson, “Refractions. Thoughts on Aesthetics and Photography”

Interrogar lo habitual

Los diarios hablan de todo, salvo de lo diario. Los diarios me aburren, no me enseñan nada; lo que cuentan no me concierne, no me interroga y además no responde a las preguntas que planteo o que quisiera plantear.

Lo que pasa realmente, lo que vivimos, lo demás, todo lo demás, ¿dónde está? ¿Cómo dar cuenta de lo que pasa cada día y de lo que vuelve a pasar, de lo banal, lo cotidiano, lo evidente, lo común, lo ordinario, lo infraordinario, el ruido de fondo, lo habitual? ¿Cómo interrogarlo? ¿Cómo describirlo?

Interrogar lo habitual. Pero, justamente, es a eso a lo que estamos habituados. No lo interrogamos, no nos interroga, parece no constituir un problema, lo vivimos sin pensar en ello, como si no transmitiera ninguna pregunta ni respuesta, como si no fuera portador de ninguna información. Ni siquiera es condicionamiento, es anestesia. Dormimos nuestra vida con un sueño sin sueños. Pero, ¿dónde está nuestra vida? ¿Dónde está nuestro cuerpo? ¿Dónde está nuestro espacio?

– Georges Perec, “Lo infraordinario”

¿Qué había allí después?

Para mí las fotografías más reveladoras son aquellas en que por ejemplo hay dos personajes, el fondo de una casa y luego quizá a la izquierda, donde termina la foto, la sombra de un pie o de una pierna. Esa sombra corresponde a alguien que no está en la foto y al mismo tiempo la foto está haciendo una indicación llena de sugestiones, apelando a nuestra imaginación para decirnos: “¿Qué había allí después?”. Hay una atmósfera que partiendo de la fotografía se proyecta fuera de ella y creo que es eso lo que le da la gran fuerza a esas fotos que no son siempre técnicamente muy buenas ni más memorables que otras; las hay muy espectaculares que no tienen esa aureola, esa aura de misterio. Como el cuento, son al mismo tiempo un extraño orden cerrado que está lanzando indicaciones que nuestra imaginación de espectadores o de lectores puede recoger y convertir en un enriquecimiento de la foto.

– Julio Cortázar, “Clases de literatura”

Sobre cureitors y otras especies

A diferencia de una industria jerárquica tradicional, donde aquellos que ostentan el poder están claramente definidos y, habitualmente, sujetos a normas y regulaciones mediante las cuales ese poder se puede controlar, censurar o eliminar, la naturaleza fuertemente interconectada y distribuida de la industria fotográfica conduce a un difuso reparto de poder sin supervisión alguna. El resultado de todo esto es un sistema salpicado de un gran número de árbitros, generalmente autoproclamados. Pero lo peor es que muchos de estos intermediarios niegan o son incapaces de reconocer su propio poder, ni admiten la influencia que pueden llegar a tener sobre su parcela en esta industria.

– Lewis Bush, Disphotic

Las historias de la fotografía

La historia de la fotografía es confusa e incompleta. Contamos con las voces de unos pocos historiadores y críticos que dictan sus preceptos a través de libros, exposiciones y reseñas. Como medio, a diferencia del cine o el vídeo, la fotografía posee unas características intrínsecas que todavía no se han explotado completamente. Mi queja no es tanto contra el medio fotográfico en sí mismo como contra lo que se ha hecho con él, contra lo que se ha escrito, contra cómo ha sido definido. Esta particular historia del medio se ha dedicado a ensalzar únicamente una parte concreta del mismo, el género documental, que ha acabado monopolizando el discurso. A veces me pregunto qué habría sido del cine si hubiera evolucionado de forma similar a la fotografía, dominado por trabajos documentales, quedando el resto de manifestaciones reducidas a expresiones marginales.

– Lewis Baltz

Versos sueltos

El rechazo duele, pero nunca es un criterio objetivo para medir la calidad de un trabajo, por mucho que se presente como tal. Las opiniones sobre tu trabajo, ya sean positivas o negativas, siempre son producto de prejuicios y preferencias, sesgos y filias, tendencias y modas. A veces encajas en los parámetros establecidos, y a veces no, pero nunca dejes que te influyan, y nunca debes dejar que nadie te diga que tu trabajo no es lo suficientemente bueno porque sigues tus propias reglas en lugar de las suyas.

– Lewis Bush, Disphotic

Un lugar fuera del devenir

Ciertamente hay algo de periferia, de margen de época en las mesas de los Cafés, especialmente aquellas donde el desplazamiento se refiere no solamente a la ciudad, sino a la continuidad de los hechos y los días. Refugiados de la ciudad, a resguardo de los acontecimientos, ciertos individuos parecen buscar un lugar fuera del devenir, un lugar donde reunir las energías suficientes para el regreso a la vida desde la vida. Pero es importante que el Café sea interrupción, y no permanencia absoluta. Un refugio perdurable se convierte en destierro, o en exilio.

– Antoni Martí Monterde, “Poética del Café”

Perseverancia

Bueno, lo que escribo actualmente quizás no lo publicaría nadie en España si yo fuera un autor joven. Si se publica, e incluso tiene lectores, es porque hay detrás una larga trayectoria. Tuve que hacer todo lo que he hecho para escribir lo que quiero. Durante quince años hice la travesía del desierto: nadie quería saber nada de lo que hacía, ni era leído, ni entendido, ni interesaba. Pero hubo un momento en que se empezó a comprender. Había nacido un lector nuevo, el lector de libros de Vila-Matas. Y yo creo que se escribe para crear un lector distinto.

– Enrique Vila-Matas

Magia y mito

Jim Goldberg
Jim Goldberg

La mayoría de las fotografías existen para informar, documentar, ilustrar: sencillamente para mostrar y contar. Somos capaces de comprender la mayoría de ellas de forma instantánea: parece que su comprensión no exija más habilidad que la de abrir los ojos y mirar. De hecho, cuando vemos fotografías, generalmente no somos conscientes de estar mirando una representación y nos colocamos en la posición del fotógrafo que mira directamente a la escena que se desarrolla delante del objetivo de la cámara. Esta es la magia (y el mito) de la fotografía: es un medio que nos seduce, que nos hace olvidar que se trata de un medio y nos induce a pensar que es un conducto directo hacia la realidad.

– Richard Salkeld, “Cómo leer una fotografía”