Nijuman no borei

6 de agosto de 1945. 8:15 de la mañana. “Little Boy”, la primera bomba atómica utilizada en un conflicto bélico, cae sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y la arrasa por completo. Miles de personas mueren al instante. A sólo 150 metros del lugar de la explosión, una estructura resiste en pie rodeada de escombros. Es la Cúpula Genbaku.

Gracias a Ricard Martínez, de Arqueologia del Punt de Vista, descubro un estremecedor cortometraje dirigido por el francés Jean-Gabriel Périot titulado “Nijuman no borei” (“200.000 fantasmas”, en castellano). Périot centra su pieza en este edificio construido en 1915 para servir inicialmente como centro de exposiciones y que actualmente constituye un símbolo de esperanza para la paz mundial y para la eliminación de todas las armas nucleares. A través de cientos de fotografías de archivo, Périot reconstruye la historia y los acontecimientos sucedidos en los años anteriores y posteriores a aquel fatídico 6 de agosto de 1945.

Aprendre a mirar

Quan algú s’apunta a un curs de fotografia espera aprendre a ajustar correctament la càmera perquè pensa que saber quin diafragma és el més escaient i quin temps d’obturació ha d’emprar per a segons quin efecte li permetrà fer fotografies dignes de mèrit. Igualment, qui s’inicia en la fotografia sol aspirar a tenir els millors i més variats objectius perquè considera que és en l’equipament on descansa la qualitat de les fotografies. Però aprendre fotografia no és això, o no és, almenys, únicament això. De fet, i de manera bastant generalitzada, una vegada s’ha adquirit la competència tècnica mínima és quan venen les primeres decepcions i s’intueix que la fotografia és quelcom més. Aleshores hom s’apunta a cursos més o menys monogràfics i al cap d’alguns anys, quan ja sembla dominar mínimament el mitjà, procura fer algun taller amb un fotògraf de renom. Perquè aprendre a fotografiar és aprendre a mirar.

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De salses, cuiners i nens malcriats

Encisats i esverats amb les il·limitades capacitats amb les que ens dota la tecnologia, àvids per gaudir amb les nostres flamants joguines, de provar fins a on poden arribar, enduts per aquest frenesí digital ens saltem etapes d’aprenentatge que creiem prescindibles, o que ni tan sols sabem que existeixen. Ràpidament, ens fem eficaços productors de vocals obertes exclamades i altres formes d’alabança, tan tòpiques i buides com les nostres pròpies creacions. Dediquem més temps en decorar i amanir la foto del que varem invertir en planificar i fer la presa. Quines coses!

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Mull it over

¿Qué has desayunado hoy? Ésta es una de las preguntas que, desde el pasado mes de septiembre, el fotógrafo Jonathan Cherry suele hacer en su web Mull it over a diferentes exponentes de la fotografía contemporánea de todo el mundo. Entre los entrevistados podemos encontrar a fotógrafos de los que ya he hablado en alguna ocasión, tales como Phillip Toledano, Lane Collins, Manjari Sharma, Stephen Tamiesie o Salva López. Todo aquel que quiera participar en este curioso proyecto no tiene más que ponerse en contacto con el fotógrafo.

Sus mejores fotografías

Desde hace unos tres años, el diario británico The Guardian recoge semanalmente, en una sección que lleva por título “My best shot”, las impresiones de fotógrafos con una sólida trayectoria profesional acerca de sus mejores fotografías. Una lectura muy recomendable.

Entre los autores entrevistados podemos encontrar a gente tan diversa como Rineke Dijkstra, Mary Ellen Mark, Yann Arthus-Bertrand, Sally Mann, Carl de Keyzer, Thomas Ruff, Joel Meyerowitz, Sebastião Salgado, Susan Meiselas, Roger Ballen, Nadav Kander, Platon, Simon Norfolk, Edward Burtynsky, Ed Ruscha, Steve McCurry, Elliott Erwitt, Albert Watson, Stephen Shore, Don McCullin, Gregory Crewdson o Alec Soth.

Ahora es vuestro turno. ¿Cuál es vuestra mejor fotografía?

¿Marcos? No, gracias

Es ese nuevo paradigma de laboratorio fotográfico, que son los programas de edición digital, que hace posible que con frecuencia el osado usuario recurra a todo tipo de ornamentos y accesorios que le ofrece el software, sin ser consciente que al introducir la fotografía en un marco artificial reduce el alcance artístico de sus fotografías. Ya que ese es un elemento más del conjunto de la imagen, un suplemento connotativo de su fotografía. Algo así como un elemento fijo que, como en las viejas películas de dibujos animados, soporta de manera artificial el desarrollo de la acción de los personajes.

Así nos encontramos con álbumes de usuarios de redes sociales como Flickr, repletos de estos artificios innecesarios. Usuarios que construyen sus imágenes como si de postales turísticas se tratara. Mención aparte a las firmas, autógrafos que adornan las esquinas de sus estampas. Nada decimos de las marcas de agua, que todo lo más son intentos por preservar la violación de la autoría de las imágenes.

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