El miércoles pasado asistí a la octava (y última) clase del taller de fotografía de autor que imparte el fotógrafo (¿o debería decir artista que utiliza la fotografía como medio de expresión?) Juan de Dios en el Pati Llimona. A pesar de que mis compañeros de clase y yo nos hemos ganado a pulso el dudoso título de “grupo menos participativo que ha pasado por el taller”, la experiencia, en líneas generales, ha merecido la pena.
Uno estaba acostumbrado a los típicos cursos orientados al aprendizaje de los aspectos técnicos de la fotografía (¡¡¡me aburrooo!!!) y participar en uno orientado a abordar un proyecto fotográfico desde el momento de su concepción hasta el momento de su difusión ha sido como una bocanada de aire fresco. Creo que hacen falta más talleres de este tipo en Barcelona.
¿Recomendaría este taller a otras personas? Sí. No obstante, antes aconsejaría investigar un poco el trabajo del profesor para conocer sus referentes artísticos y comprobar si los nuestros no son totalmente incompatibles con los suyos. Un recomendación que es aplicable a cualquier curso que uno se plantee realizar.


Los retratos de los protagonistas se presentan, al igual que en “(13)25. Al principio fue la palabra”, en forma de tríptico vertical, dividiendo al cuerpo en tres partes: cabeza, torso y pies. La fotografía de la cabeza está fuera de foco. Según el autor, este desenfoque pretende simbolizar esa “tierra de nadie” donde se encuentra el paciente: en medio del tratamiento, con esperanzas de curación pero sin garantías totales de éxito. La fotografía del torso incluye a los que acompañan al paciente el día de la administración de la quimioterapia: gente querida que no está lejos, que muchas veces sufre en silencio y que siempre está atenta a cualquier caída de nuestro protagonista en el camino agreste de la curación. La imagen de los pies está tomada en aquel lugar donde el paciente le gusta estar cuando desea relajarse… o encontrarse. Al tríptico le acompaña un retrato del enfermo en ese lugar de paz, con actitud serena, y unas palabras donde explica el porqué ha accedido a participar en el proyecto, y sus impresiones sobre la enfermedad, y la reacción a la misma de sus allegados.






Un discurso coherente
Hacer fotografías técnicamente correctas es relativamente fácil. Lo verdaderamente difícil es conseguir articular un discurso coherente con ellas.
Juan de Dios Pérez