A finales de 2008, la galería barcelonesa Raíña Lupa acogió la primera exposición individual en nuestro país del fotógrafo David Levinthal, conocido por sus mordaces viñetas escenificadas por muñecos y miniaturas. La galería exhibía las primeras imágenes de “IED”, su trabajo sobre las guerras de Irak y Afganistán, junto a una pequeña selección de obras de sus series más conocidas.

David Levinthal
A raíz de esta muestra y gracias a esa gran fuente de información que es internet, he ido descubriendo toda una serie de artistas que, al igual que Levinthal, utilizan figuras en miniatura para construir elaboradas escenificaciones. Simplificando, podríamos distinguir dos grupos no excluyentes dentro de este amplio conjunto de artistas. Por un lado, encontramos aquellos que consideran estas construcciones como la obra final y que utilizan la fotografía como mero registro de la existencia de las mismas, y, por otro lado, encontramos los que consideran estas puestas en escena como obras efímeras creadas únicamente para ser fotografiadas. A pesar de estas diferencias, todos ellos tienen en común una gran capacidad para dotar de nuevas connotaciones a un elemento característico del mundo infantil como son los muñecos.
En sucesivas entradas haré un repaso, que no pretende ser exhaustivo, a la obra de algunos de estos autores. Creo que es de justicia dedicarles unas líneas teniendo en cuenta que mis fotografías con miniaturas beben, de una manera u otra, de todos ellos. Iniciaré este recorrido hablando de las Diableries, un juego de postales estereoscópicas datadas de mediados del siglo XIX que bien podrían ser consideradas precursoras de este género fotográfico y que he descubierto gracias a Ricard Martínez de Arqueologia del Punt de Vista.

Les Diableries
Las Diableries muestran un submundo imaginario, poblado por demonios, sátiros y esqueletos que se divierten reproduciendo escenas del mundo de los mortales. Las tarjetas son obras de arte en sí mismas y están construidas de forma que pueden ser vistas iluminadas por la parte delantera, ofreciendo una apariencia normal en blanco y negro, o iluminadas por la parte posterior, ofreciendo una escena nocturna en la que colores ocultos aparecen de forma mágica.

Les Diableries (Iluminación frontal)

Les Diableries (Iluminación trasera)
Las escenas representadas en estas tarjetas estaban hechas con arcilla, con una habilidad y un detalle impresionantes, y después eran fotografiadas con una cámara estereoscópica. Probablemente, las primeras Diableries se crearon en Francia durante la década de 1850, pero el grueso de la producción se realizó entre 1860 y 1900.
No se conocen los nombres de los artistas encargados de construir estas macabras escenografías, pero unas firmas que aparecen en algunos de los escenarios nos hacen pensar que los escultores Pierre Adolphe Hennetier, Louis Alfred Habert y Louis Edmond Cougny estarían detrás de la mayoría de ellas. El carácter subversivo de todas estas obras posiblemente explicaría el relativo anonimato de las mismas. Hoy se sabe que el principal objetivo de los autores era hacer sátira del régimen autoritario y corrupto de Napoleón III, emperador de Francia desde 1852 hasta 1870.
Damos un salto en el tiempo y nos situamos en la década de los setenta del siglo XX para hablar de David Levinthal, el artista que abre esta entrada. Todo empezó un día de invierno del año 1972. Levinthal empezó a fotografiar soldaditos de plomo como parte de su tesis del Máster en Bellas Artes que en ese momento estaba cursando en la Universidad de Yale. Lo que empezó como una tarea académica se convirtió en una colaboración de tres años y medio junto con su amigo y compañero de clase Garry Trudeau, autor del cómic Doonesbury. Esta colaboración se tradujo en la publicación de “Hitler Moves East: A Graphic Chronicle, 1941-1943″ en 1977. Inspirado por las fotografías de guerra de Robert Capa, Levinthal colocó soldados de juguete en elaborados sets artificiales para recrear el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial. Con el fin de aumentar la sensación de realismo de las imágenes, Levinthal empleó una serie de recursos que más adelante se convertirían en constantes en toda su obra como, por ejemplo, los espacios indefinidos, la iluminación dramática o la profundidad de campo reducida. Hoy en día, “Hitler Moves East” es considerado un clásico en el ámbito de la fotografía posmoderna.

David Levinthal
Desde entonces, Levinthal no ha dejado de trabajar en el desarrollo de un estilo y una visión fotográfica personales que se nutren de los cómics, la publicidad y la televisión. En todos estos años, gran parte de su trabajo se ha centrado en la crítica de las representaciones mediáticas en la cultura contemporánea y el uso de juguetes como expresión de mitos culturales. El empleo de figuras como protagonistas de sus creaciones ha permitido a Levinthal tratar, con total libertad, asuntos tan delicados como el sexo, la religión, el racismo o la guerra, tema, este último, al que vuelve una y otra vez.
El universo bélico es también protagonista de la obra del italiano Paolo Ventura, pero, a diferencia de Levinthal, éste no se centra únicamente en el conflicto, sino que también nos habla del período inmediatamente posterior al mismo, la posguerra. Partiendo de su propia imaginación, de evocadoras fotografías documentales de época y de las historias que su abuela le contaba cuando era niño, Ventura construye cuidadas escenografías que recrean con todo detalle la vida cotidiana de la Italia de los años 30, 40 y 50 del siglo pasado. La iluminación que el autor utiliza con gran sutileza en cada escena es otro factor fundamental para conseguir no sólo el máximo realismo, sino una atmósfera totalmente acorde con las historias que presenta.


Paolo Ventura
Cierra esta entrada dedicada a la fotografía de miniaturas otro amante de la iconografía bélica, Li Jiejun, fotógrafo que se alzó con el tercer premio de la categoría de Historias de Retrato de la edición del año 2008 del certamen World Press Photo por una serie de fotografías que recreaban algunas de las instantáneas de guerra que ya son parte de nuestro imaginario colectivo, como “Muerte de un miliciano” de Robert Capa o “Alzando la bandera en Iwo Jima” de Joe Rosenthal. Que un trabajo de estas características resulte premiado en un certamen que suele ser bastante conservador me parece ciertamente curioso.


Li Jiejun
Entradas relacionadas:
















Mundos en miniatura (II)
En esta nueva entrada de la serie “Mundos en miniatura”, dedicada a hacer un repaso de la obra de autores que utilizan miniaturas en su trabajo, hablaré de cuatro artistas que tienen en común el uso de todo tipo de alimentos para construir los escenarios donde los protagonistas de sus obras se desenvuelven.
Comenzamos hablando de Minimiam, nombre artístico de la pareja formada por la japonesa Akiko Ida y el francés Pierre Javelle. Inspirados por artistas tan diversos como Magritte, Pierre & Gilles o Gary Larson, en pocos años este dúo se ha hecho un nombre en la escena internacional gracias a sus peculiares creaciones artísticas en torno al mundo de la comida.
Minimiam
Presentadas siempre en dípticos, las imágenes de Ida y Javelle nos muestran pequeños mundos poblados por diminutos personajes enfrascados en las tareas más mundanas de la vida cotidiana sobre todo tipo de alimentos. La primera imagen de cada par nos muestra un primer plano de uno o varios individuos en un escenario indeterminado, mientras que la segunda nos enseña una vista general de la misma escena, revelando un giro inesperado y, con frecuencia, divertido.
Minimiam
Como ya vimos en la primera parte de esta serie de entradas, las obras de algunos de los artistas que trabajan con miniaturas tienen un trasfondo crítico. Éste es también el caso del trabajo del fotógrafo Matthew Carden. Las imágenes de Carden pretenden hacernos reflexionar sobre la paradoja que supone que el comer sea al mismo tiempo una necesidad y un placer. El objetivo de este artista, que es además miembro colaborador de la asociación ecogastronómica Slow Food, es concienciarnos de la importancia que tiene la comida en nuestra vida. A través de la yuxtaposición de pequeñas figuras y alimentos aparentemente gigantes, Carden quiere hablarnos de la abundancia en un mundo en el que más de un tercio de la comida que se produce acaba en el cubo de la basura.
Matthew Carden
Hacernos reflexionar sobre la relevancia de la comida en nuestro día a día es también la intención que persigue el americano Christopher Boffoli, fotógrafo que descubrí gracias a mi amigo Paco Navamuel. Inspirada en los trabajos con miniaturas de los hermanos Jake y Dinos Chapman y los de la pareja Walter Martin y Paloma Muñoz, su serie “Disparity” pretende poner en evidencia la relación disfuncional que tienen los estadounidenses con la comida. Las imágenes de Boffoli nos muestran a personajes diminutos que intentan llevar a cabo sus vidas con normalidad en un mundo que les queda muy grande.
Christopher Boffoli
Acabo esta entrada hablando de Willy Rojas, cuyo trabajo está expuesto de forma permanente en la galería Villa del Arte en Barcelona. Esquiadores que descienden por una montaña de sal, submarinistas que bucean en un huevo frito o excursionistas que trepan por un racimo de uvas son algunos de los ejemplos del alcance de la imaginación de este fotógrafo.
Willy Rojas
Entradas relacionadas: