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De paseo por el zoo (II)

Tras un breve paréntesis retomo la serie de entradas sobre trabajos fotográficos realizados en parques zoológicos con una nueva, y última, entrega.

Empezamos este repaso con la serie “Zoologische Gärten” de la fotógrafa Candida Höfer, una de las más destacadas representantes de la Escuela de Düsseldorf. En este trabajo, Höfer deja momentáneamente de lado los interiores vacíos de bibliotecas, teatros y museos para centrar su mirada en las instalaciones de parques zoológicos de Alemania, España, Reino Unido, Francia y los Países Bajos. A pesar del cambio de escenario, las imágenes de “Zoologische Gärten”, tomadas entre 1990 y 1997, continúan exhibiendo el rigor formal y la austeridad que caracterizan a la obra de la autora.

Candida Höfer

Hablamos ahora de un fotógrafo que está exponiendo actualmente en Barcelona, Michel Vanden Eeckhoudt, en cuya obra los animales tienen especial protagonismo. A caballo entre el fotoperiodismo y la poesía visual, Vanden Eeckhoudt propone con su trabajo “Zoologies” una reflexión sobre los conceptos de libertad y cautividad.

Michel Vanden Eeckhoudt

En “On Exhibit”, la fotógrafa Meghan Rennie explora la relación que existe entre los entornos naturales y artificiales de los zoológicos. La autora documenta todos esos espacios construidos destinados a imitar el hábitat natural de los animales, escenarios que habitualmente pasamos por alto.

Meghan Rennie

Esta tensión entre lo natural y lo artificial también está presente en el trabajo “Naturaleza Artificial” de la fotógrafa Cynthia Nudel. Las imágenes de Nudel, realizadas en el zoo de Barcelona, nos muestran escenarios que contienen elementos manufacturados y elementos naturales controla­dos por el hombre. Las ramas, las hojas y la tierra se mezclan con la pintura de los decorados. El cemento convive con la vegetación. Este intento de recrear lo salvaje en un entorno urbano produ­ce una especie de naturaleza artificial que queda suspendida en terreno de nadie.

Cynthia Nudel

Durante más de 15 años, el fotógrafo Volker Seding se dedicó a recorrer cientos de parques zoológicos de todo el mundo a la búsqueda de imágenes conmovedoras de animales en cautiverio. El resultado de estos viajes quedó recogido en los trabajos “Captive”, en color, y “Animal Kingdom”, en blanco y negro.

Volker Seding

Otro trabajo a destacar es “Zoo”, de la fotógrafa JeongMee Yoon. Realizadas entre 1998 y 1999, las crudas imágenes en blanco y negro de Yoon pretenden establecer una analogía entre las estructuras sociales y las relaciones de poder que existen en los parques zoológicos y las que se observan en las sociedades contemporáneas.

JeongMee Yoon

Cierra esta serie de entradas el trabajo “Dark Zoo” del fotógrafo Nicolas Evariste. Durante los últimos cinco años, Evariste se ha dedicado a fotografiar animales cautivos en diferentes zoológicos de Francia. Jugando con la composición y el contraste, el autor consigue aislar a los sujetos retratados del entorno artificial en el que viven hasta dejarlos en el vacío más absoluto. El resultado es una serie sobria y elegante que destaca las expresiones de los animales.

Nicolas Evariste

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De paseo por el zoo (I)

Una de las tareas que se debería realizar (y que no siempre se lleva a cabo) antes de comenzar cualquier proyecto fotográfico consiste en la investigación y análisis del tratamiento del tema del mismo por parte de otros fotógrafos y/o en otros lenguajes o disciplinas. Yo mismo reconozco que casi nunca lo hago. Tras un taller impartido hace unos días por el fotógrafo Gustavo Germano, en el que éste nos recordó de la importancia de esta actividad, he decidido aplicarme el cuento y, tomando como referencia mi serie “Caged”, he hecho una recopilación de autores, tanto consolidados como emergentes, que, en algún momento de sus carreras, han desarrollado trabajos en parques zoológicos. Más vale tarde que nunca.

Uno de los pioneros en esto de la fotografía realizada en zoos fue Garry Winogrand. Su serie “The Animals” es una colección de fotografías en blanco y negro tomadas en los diferentes zoológicos de Nueva York y el acuario de Coney Island. Tomadas entre 1962 y 1969, las fotografías de Winogrand desdibujan la frontera entre observador y sujeto observado, poniendo al descubierto, con ironía y humor, el paralelismo que a menudo existe entre el comportamiento de los seres humanos y el de los animales. Asimismo, las imágenes de animales en cautividad de “The Animals” también se pueden leer como metáforas de las segregaciones raciales y de género dominantes de la época.

Garry Winogrand

Nueva York es también el punto de partida del trabajo “The Glass Between Us” de la fotógrafa Rebecca Norris Webb. En 1998, Webb hizo una visita al acuario de Coney Island y lo primero que vio fue una gran beluga flotando por encima de las cabezas de un grupo de visitantes reflejadas en el tanque de vidrio. Así empezó la investigación de la autora acerca de la compleja relación que existe entre personas y animales en las ciudades. Desde entonces, Webb ha fotografiado animales, a través de todo tipo de barreras transparentes, en Chicago, La Habana, Estambul, Nueva Delhi, París, y muchas otras ciudades de todo el mundo. Las imágenes de Webb nos muestran que, en condiciones determinadas, el cristal que separa a humanos y bestias puede ser, a la vez, ventana y espejo.

Rebecca Norris Webb

Saltamos el charco para hablar del británico Richard Billingham y su serie “Zoo”. Tras la repentina muerte de su madre en 2004, Billingham tuvo la responsabilidad de limpiar el piso donde residía. Allí encontró unos álbumes en los que se alternaban fotos familiares con unas instantáneas que su madre había hecho durante varias visitas al zoo de la localidad de Dudley en los años 70. Esas imágenes movidas y mal enfocadas inspiraron al autor a empezar un proyecto que indaga en el microcosmos de este tipo de recintos. Billingham recorrió durante dos años zoológicos de pequeñas ciudades del Reino Unido, Europa y Sudamérica, muchos de ellos en mal estado de conservación, registrando en varios vídeos y numerosas fotografías el comportamiento animal ante una situación de confinamiento, haciendo así un paralelismo involuntario con la que él mismo años antes padeció, y recogió en su conocido trabajo “Ray’s a Laugh”, cuando malvivía con sus padres en un claustrofóbico piso de protección oficial.

Richard Billingham

“Zoo” es también el título del trabajo de la fotógrafa Britta Jaschinski. Si los trabajos de los autores anteriores podían enmarcarse en el género del documentalismo, el de Jaschinski se caracteriza por un acercamiento más poético que crítico. La autora prefiere crear atmósferas antes que dar a conocer realidades. En las imágenes de Jaschinski, los animales posan con gran dignidad, despertando un sentimiento de respeto teñido de melancolía en el espectador.

Britta Jaschinski

A diferencia de los autores hasta ahora mencionados, la fotógrafa Paula McCartney fija su mirada sobre un espacio concreto de los zoológicos, el aviario. Las imágenes de su trabajo “Bronx Zoo” difuminan intencionadamente la línea que separa lo natural de lo artificial hasta el punto de que, como espectadores, no podemos distinguir lo uno de lo otro.

Paula McCartney

Cierra esta entrada el fotógrafo Cody Cloud y su serie “Shanghai Zoo”. Realizadas durante el verano de 2008, las imágenes de Cloud nos muestran un zoológico casi vacío, silencioso y anticuado, un lugar totalmente opuesto a la bulliciosa, vibrante y sofisticada ciudad que lo acoge.

Cody Cloud

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Kerry Mansfield: Grounded

Los que seguís este blog habitualmente ya sabéis de mi interés por los proyectos fotográficos desarrollados en esos territorios fronterizos que son las playas. Christian Chaize, David Williams y Michael Marten son algunos de los fotógrafos amantes de la arena y el mar que han desfilado por estas páginas. La fotógrafa Kerry Mansfield se une a este grupo de artistas con “Grounded”, un trabajo cuyo punto de partida es muy similar al de mi serie de marinas.

“A finales del verano de 2009, una profunda depresión se adueñó completamente de mi existencia. Ni las pastillas, ni las buenas intenciones de mis amigos y familiares conseguían sacarme del agujero en el que estaba metida. Perdida en mi mundo interior y aislada a propósito de mis seres queridos sólo había un sitio al que podía ir en el que podía encontrar un poco de alivio en el abismo en el que me encontraba. En ese lugar, los escarpados acantilados del Pacífico me proporcionaban un refugio natural en el que podía perderme completamente asombrada por las inmensas vistas y mi sensación de insignificancia junto a ellas. Por primera vez en mi carrera artística, llevé mi cámara conmigo en un intento por comprender el sentimiento de desesperanza que me invadía y para llevar a casa esa sensación de serenidad que sentía estando al lado del mar.”

“Mi trabajo “Grounded” es la conclusión de esa época y de los impulsos que me llevaron hasta allí. Ahora, en paz conmigo misma, puedo volver a esas imágenes y compartir mi experiencia a través de ellas. Comencé a explorar la forma en que las personas habitamos los espacios que se encuentran en los límites de la tierra, el mar y el cielo. Volvía una y otra vez a ciertas imágenes que de alguna manera representaban el equilibrio entre la angustia y la paz que sentí durante el tiempo que pasé al borde del océano. Lentamente, un hilo que las unía a todas comenzó a abrirse camino. Las figuras que aparecen en estas composiciones no representan tanto a individuos concretos, sino a la inexplicable fascinación que los humanos sentimos por las fronteras de nuestro territorio. Todos nos sentimos atraídos por una orilla de mar, por la cima de una montaña o, incluso, por el cielo, totalmente fuera de nuestro alcance. Cuando estoy en alguno de estos lugares, no siento ni miedo ni ansiedad, al contrario, inexplicablemente, siento una paz que no consigo encontrar en los sitios que están bajo mi control.”

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Mundos en miniatura (IV)

La fascinación por el cuerpo humano ha sido una constante durante toda la historia del arte. Desde la prehistoria hasta nuestros días, son muchos los artistas que han recurrido a la figura humana como vehículo expresivo. En esta nueva entrada de la serie “Mundos en miniatura” haré un repaso al trabajo de varios autores que utilizan el cuerpo humano como soporte para elaborar sus escenografías con miniaturas.

A mediados de la década de los setenta, Allan Teger, por aquel entonces profesor de psicología en la Universidad de Pennsylvania, empezó a interesarse por las incipientes teorías sobre realidades múltiples. En 1976, empezó a trabajar en su serie “Bodyscapes”, decidido a demostrar, dentro del marco del arte, la hipótesis que sugería que varias realidades podían existir simultáneamente.

Siempre a contraluz y en blanco y negro, las imágenes de Teger pueden ser vistas, al mismo tiempo, como paisajes y como cuerpos. En el mundo de Teger, varias embarcaciones navegan por las curvas de una espalda, un grupo de alpinistas intenta escalar un pecho y un ombligo se transforma en una piscina.

Allan Teger

Del blanco y negro más riguroso pasamos al color más vivo. A principios de los años ochenta, Ciuco Gutiérrez irrumpe en el ámbito artístico español con una fotografía construida llena de referencias al mundo del cómic, del cine y de la publicidad. Desde entonces su trabajo ha girado en torno a la escenificación de espacios y situaciones que tienen una clara relación con la estética pop y el surrealismo.

Aunque la figura femenina ya estaba presente en su trabajo “Sueños”, es en “Un lugar donde vivir (estar)” cuando ésta se convierte en protagonista, adquiriendo el carácter metafórico de la madre tierra, ese lugar, parafraseando el título de la serie, donde los personajes (y objetos) de plástico viven (y están).

Ciuco Gutiérrez

El color es también uno de los pilares en el que se sostiene el trabajo del fotógrafo de moda Georg Wendt. En las imágenes de Wendt podemos ver a un grupo de pintores dejando temporalmente de lado su trabajo habitual para ponerse a “maquillar” con sus brochas los rostros de varias modelos.

Georg Wendt

Cierra esta entrada el fotógrafo Vincent Bousserez. Según cuenta el propio autor, empezó a trabajar en su serie “Plastic Life” tras descubrir, gracias a un amigo, una tienda de modelismo que había enfrente de la agencia de publicidad en la que trabajaba.

El universo de Bousserez está poblado por pequeños personajes de plástico que se relacionan con todo tipo de objetos cotidianos e, incluso, con los propios humanos, como podemos ver en las imágenes que acompañan esta entrada.

Vincent Bousserez

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Mundos en miniatura (III)

Tras una larga pausa regresa la serie de entradas “Mundos en miniatura”. Si en la anterior entrega vimos cómo todo tipo de alimentos eran el escenario donde se desenvolvían nuestros diminutos protagonistas, en esta ocasión el paisaje urbano es el decorado en el que se desarrollan los trabajos de los dos autores de los que voy a hablar a continuación, que por sus características podríamos ubicar dentro del campo del arte urbano.

Desde el 2006, el londinense Slinkachu se dedica a colocar estratégicamente miniaturas, que consigue en tiendas de modelismo y modifica luego a su gusto, en distintas localizaciones de su ciudad y, a continuación, las fotografía y las abandona a su suerte. El resultado es un trabajo que nos habla de la sensación de aislamiento y soledad que afecta a gran parte de la sociedad actual provocada por la abrumadora naturaleza de las grandes ciudades. Este discurso desalentador, sin embargo, está aderezado con pinceladas de ironía y humor que lo hacen más digerible.

Slinkachu

Procediendo de modo similar a como lo hacía la pareja Minimiam, de la que hablé en una entrada anterior, Slinkachu presenta casi siempre sus trabajos en forma de dípticos. Una de las imágenes nos presenta una vista general de un paisaje urbano en el que aparentemente no pasa nada, mientras que en la otra un primer plano de la misma escena nos muestra a unos diminutos personajes intentando sobrevivir en la jungla urbana.

Slinkachu

Con un planteamiento similar al de Slinkachu, el pontevedrés Isaac Cordal se ha dedicado los últimos años a intervenir en espacios urbanos de diversas ciudades europeas como Berlín, Londres, Bruselas, Barcelona y Vigo, entre otras, con sus esculturas de cemento de pequeñas dimensiones. Como en el caso del trabajo del británico, las instalaciones de Cordal tienen un alto componente efímero y el documento fotográfico es utilizado como testimonio de la ejecución de las mismas para su posterior visualización o exposición.

Isaac Cordal

En palabras del propio autor, estas pequeñas figuras son la representación de una especie de metamorfosis en la que el ser humano abandona su papel de ciudadano mimetizándose con la ciudad y en el que lentamente se convierte en parte de su mobiliario urbano. De esta manera confirma su aislamiento voluntario de la naturaleza, camuflándose entre las aceras, las calles, las paredes, etc… convirtiendo ese entorno en su hábitat natural.

Isaac Cordal

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Squale: Alphabet City

Hace aproximadamente un año, gracias a mi amiga Noemí, descubrí el libro autoeditado “New York City” del fotógrafo Pascal Anders, más conocido como Squale. Todo aquel que quisiera podía conseguir, de forma totalmente gratuita, una copia del mismo simplemente enviando un correo electrónico al autor. Obviamente, el libro, con una tirada de solo 100 ejemplares, se agotó.

Cuál fue mi sorpresa cuando, a pocos días de la llegada de las fiestas navideñas, recibo, inesperadamente, en mi buzón un sobre que contenía una copia del último libro del autor, titulado “Alphabet City”. ¡Pedazo de regalo!

En “Alphabet City”, el fotógrafo se aparta de la corriente clásica de la fotografía de calle en la que se enmarcaba su anterior trabajo centrándose en su lugar en plasmar las huellas de la presencia humana, a través de señales, rótulos y pintadas, que se pueden encontrar en un vecindario localizado en el East Village de Manhattan, cuyas avenidas A, B, C y D le dan nombre.

Al igual que pasara con “New York City”, todo aquel que quiera puede adquirir, de forma totalmente gratuita, una copia de “Alphabet City” enviando un correo electrónico a Pascal. En esta ocasión, el autor adjunta una fotografía original de edición limitada y una copia del trabajo “Alphabet City Remix”, una serie de imágenes tomadas de Google Street View de algunos de los lugares que sirvieron de escenario para las fotografías del libro.

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Mundos en miniatura (II)

En esta nueva entrada de la serie “Mundos en miniatura”, dedicada a hacer un repaso de la obra de autores que utilizan miniaturas en su trabajo, hablaré de cuatro artistas que tienen en común el uso de todo tipo de alimentos para construir los escenarios donde los protagonistas de sus obras se desenvuelven.

Comenzamos hablando de Minimiam, nombre artístico de la pareja formada por la japonesa Akiko Ida y el francés Pierre Javelle. Inspirados por artistas tan diversos como Magritte, Pierre & Gilles o Gary Larson, en pocos años este dúo se ha hecho un nombre en la escena internacional gracias a sus peculiares creaciones artísticas en torno al mundo de la comida.

Minimiam

Presentadas siempre en dípticos, las imágenes de Ida y Javelle nos muestran pequeños mundos poblados por diminutos personajes enfrascados en las tareas más mundanas de la vida cotidiana sobre todo tipo de alimentos. La primera imagen de cada par nos muestra un primer plano de uno o varios individuos en un escenario indeterminado, mientras que la segunda nos enseña una vista general de la misma escena, revelando un giro inesperado y, con frecuencia, divertido.

Minimiam

Como ya vimos en la primera parte de esta serie de entradas, las obras de algunos de los artistas que trabajan con miniaturas tienen un trasfondo crítico. Éste es también el caso del trabajo del fotógrafo Matthew Carden. Las imágenes de Carden pretenden hacernos reflexionar sobre la paradoja que supone que el comer sea al mismo tiempo una necesidad y un placer. El objetivo de este artista, que es además miembro colaborador de la asociación ecogastronómica Slow Food, es concienciarnos de la importancia que tiene la comida en nuestra vida. A través de la yuxtaposición de pequeñas figuras y alimentos aparentemente gigantes, Carden quiere hablarnos de la abundancia en un mundo en el que más de un tercio de la comida que se produce acaba en el cubo de la basura.

Matthew Carden

Hacernos reflexionar sobre la relevancia de la comida en nuestro día a día es también la intención que persigue el americano Christopher Boffoli, fotógrafo que descubrí gracias a mi amigo Paco. Inspirada en los trabajos con miniaturas de los hermanos Jake y Dinos Chapman y los de la pareja Walter Martin y Paloma Muñoz, su serie “Disparity” pretende poner en evidencia la relación disfuncional que tienen los estadounidenses con la comida. Las imágenes de Boffoli nos muestran a personajes diminutos que intentan llevar a cabo sus vidas con normalidad en un mundo que les queda muy grande.

Christopher Boffoli

Acabo esta entrada hablando de Willy Rojas, cuyo trabajo está expuesto de forma permanente en la galería Villa del Arte en Barcelona. Esquiadores que descienden por una montaña de sal, submarinistas que bucean en un huevo frito o excursionistas que trepan por un racimo de uvas son algunos de los ejemplos del alcance de la imaginación de este fotógrafo.

Willy Rojas

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Mundos en miniatura (I)

A finales de 2008, la galería barcelonesa Raíña Lupa acogió la primera exposición individual en nuestro país del fotógrafo David Levinthal, conocido por sus mordaces viñetas escenificadas por muñecos y miniaturas. La galería exhibía las primeras imágenes de “IED”, su trabajo sobre las guerras de Irak y Afganistán, junto a una pequeña selección de obras de sus series más conocidas.

David Levinthal

A raíz de esta muestra y gracias a esa gran fuente de información que es internet, he ido descubriendo toda una serie de artistas que, al igual que Levinthal, utilizan figuras en miniatura para construir elaboradas escenificaciones. Simplificando, podríamos distinguir dos grupos no excluyentes dentro de este amplio conjunto de artistas. Por un lado, encontramos aquellos que consideran estas construcciones como la obra final y que utilizan la fotografía como mero registro de la existencia de las mismas, y, por otro lado, encontramos los que consideran estas puestas en escena como obras efímeras creadas únicamente para ser fotografiadas. A pesar de estas diferencias, todos ellos tienen en común una gran capacidad para dotar de nuevas connotaciones a un elemento característico del mundo infantil como son los muñecos.

En sucesivas entradas haré un repaso, que no pretende ser exhaustivo, a la obra de algunos de estos autores. Creo que es de justicia dedicarles unas líneas teniendo en cuenta que mis fotografías con miniaturas beben, de una manera u otra, de todos ellos. Iniciaré este recorrido hablando de las Diableries, un juego de postales estereoscópicas datadas de mediados del siglo XIX que bien podrían ser consideradas precursoras de este género fotográfico y que he descubierto gracias a Ricard Martínez de Arqueologia del Punt de Vista.

Les Diableries

Las Diableries muestran un submundo imaginario, poblado por demonios, sátiros y esqueletos que se divierten reproduciendo escenas del mundo de los mortales. Las tarjetas son obras de arte en sí mismas y están construidas de forma que pueden ser vistas iluminadas por la parte delantera, ofreciendo una apariencia normal en blanco y negro, o iluminadas por la parte posterior, ofreciendo una escena nocturna en la que colores ocultos aparecen de forma mágica.

Les Diableries (Iluminación frontal)

Les Diableries (Iluminación trasera)

Las escenas representadas en estas tarjetas estaban hechas con arcilla, con una habilidad y un detalle impresionantes, y después eran fotografiadas con una cámara estereoscópica. Probablemente, las primeras Diableries se crearon en Francia durante la década de 1850, pero el grueso de la producción se realizó entre 1860 y 1900.

No se conocen los nombres de los artistas encargados de construir estas macabras escenografías, pero unas firmas que aparecen en algunos de los escenarios nos hacen pensar que los escultores Pierre Adolphe Hennetier, Louis Alfred Habert y Louis Edmond Cougny estarían detrás de la mayoría de ellas. El carácter subversivo de todas estas obras posiblemente explicaría el relativo anonimato de las mismas. Hoy se sabe que el principal objetivo de los autores era hacer sátira del régimen autoritario y corrupto de Napoleón III, emperador de Francia desde 1852 hasta 1870.

Damos un salto en el tiempo y nos situamos en la década de los setenta del siglo XX para hablar de David Levinthal, el artista que abre esta entrada. Todo empezó un día de invierno del año 1972. Levinthal empezó a fotografiar soldaditos de plomo como parte de su tesis del Máster en Bellas Artes que en ese momento estaba cursando en la Universidad de Yale. Lo que empezó como una tarea académica se convirtió en una colaboración de tres años y medio junto con su amigo y compañero de clase Garry Trudeau, autor del cómic Doonesbury. Esta colaboración se tradujo en la publicación de “Hitler Moves East: A Graphic Chronicle, 1941-1943″ en 1977. Inspirado por las fotografías de guerra de Robert Capa, Levinthal colocó soldados de juguete en elaborados sets artificiales para recrear el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial. Con el fin de aumentar la sensación de realismo de las imágenes, Levinthal empleó una serie de recursos que más adelante se convertirían en constantes en toda su obra como, por ejemplo, los espacios indefinidos, la iluminación dramática o la profundidad de campo reducida. Hoy en día, “Hitler Moves East” es considerado un clásico en el ámbito de la fotografía posmoderna.

David Levinthal

Desde entonces, Levinthal no ha dejado de trabajar en el desarrollo de un estilo y una visión fotográfica personales que se nutren de los cómics, la publicidad y la televisión. En todos estos años, gran parte de su trabajo se ha centrado en la crítica de las representaciones mediáticas en la cultura contemporánea y el uso de juguetes como expresión de mitos culturales. El empleo de figuras como protagonistas de sus creaciones ha permitido a Levinthal tratar, con total libertad, asuntos tan delicados como el sexo, la religión, el racismo o la guerra, tema, este último, al que vuelve una y otra vez.

El universo bélico es también protagonista de la obra del italiano Paolo Ventura, pero, a diferencia de Levinthal, éste no se centra únicamente en el conflicto, sino que también nos habla del período inmediatamente posterior al mismo, la posguerra. Partiendo de su propia imaginación, de evocadoras fotografías documentales de época y de las historias que su abuela le contaba cuando era niño, Ventura construye cuidadas escenografías que recrean con todo detalle la vida cotidiana de la Italia de los años 30, 40 y 50 del siglo pasado. La iluminación que el autor utiliza con gran sutileza en cada escena es otro factor fundamental para conseguir no sólo el máximo realismo, sino una atmósfera totalmente acorde con las historias que presenta.

Paolo Ventura

Cierra esta entrada dedicada a la fotografía de miniaturas otro amante de la iconografía bélica, Li Jiejun, fotógrafo que se alzó con el tercer premio de la categoría de Historias de Retrato de la edición del año 2008 del certamen World Press Photo por una serie de fotografías que recreaban algunas de las instantáneas de guerra que ya son parte de nuestro imaginario colectivo, como “Muerte de un miliciano” de Robert Capa o “Alzando la bandera en Iwo Jima” de Joe Rosenthal. Que un trabajo de estas características resulte premiado en un certamen que suele ser bastante conservador me parece ciertamente curioso.

Li Jiejun

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Jorge Barbi: El final, aquí

13 de octubre de 1936. 11 de la mañana. El cabo de la Guardia Civil de la localidad gallega de Baiona González Pena irrumpe, acompañado de dos falangistas, en la casa de Ventura Pérez, un anciano ciego que estaba al cuidado de una criada conocida en el pueblo como Perfecta, ante el chivatazo de que allí se escondían los hermanos Luís y José López Luís, uno de ideología socialista y el otro, anarquista. El asalto acaba con uno de los falangistas herido de muerte y los dos hermanos abatidos por las balas mientras intentaban escapar del lugar.

Los falangistas, ávidos de venganza por la muerte de su compañero, deciden días más tarde imponer un castigo ejemplarizante al resto de la población. La madrugada del 15 de octubre suben a una camioneta y se dirigen a Vigo. Allí visitan un frontón que hacía las funciones de cárcel y suben a nueve hombres, cinco naturales de Baiona y cuatro de Panxón, que permanecían allí encerrados por haber pertenecido a sindicatos agrarios o marineros. La camioneta se vuelve a poner en marcha en dirección a Baiona y sobre la una de la madrugada se detiene junto al mar en una de las curvas de la carretera. Allí, los detenidos son obligados a salir y, maniatados y con los ojos vendados, son fusilados a sangre fría. Desde entonces, esa curva es conocida como “A Volta dos Nove” y nueve cruces pintadas a mano mantienen latente en la memoria el trágico suceso que allí ocurrió.

A Volta dos Nove, Baredo, Pontevedra

Este fatídico episodio es el germen del trabajo “El final, aquí” del gallego Jorge Barbi, artista multidisciplinar que descubrí por casualidad durante una visita a la Mediateca del CaixaForum de Barcelona. El proyecto recoge las fotografías realizadas por el artista en torno a sus investigaciones sobre la memoria histórica. Son fotografías de paisaje que evocan, como indica el nombre del trabajo, lugares que habitualmente pasan desapercibidos y en los que fueron asesinadas miles de personas en la Guerra Civil Española.

Olmedillo de Roa, Burgos

Viguera, La Rioja

Para llevar a cabo este proyecto, Barbi recorrió más de 10.000 km por la Península Ibérica entre 2003 y 2007. A partir de la información publicada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y otras asociaciones sobre las exhumaciones, el artista pudo reunir datos precisos de lugares de fusilamientos en zonas rurales, lugares aislados que se mantenían prácticamente inalterables desde aquellos días.

Marinaleda, Sevilla

Puente Alberche, Talavera de la Reina, Toledo

“El final, aquí” se suma así a la lista de proyectos fotográficos que giran en torno al paisaje y la memoria, en la que también encontramos trabajos como “For most of it I have no words” de Simon Norfolk, “Campos de Batalla” de la pareja Bleda y Rosa, o el reciente proyecto de Eduardo Nave sobre los espacios marcados por los atentados de la banda terrorista ETA. Son trabajos que van más allá de los límites impuestos por el manido género de la fotografía de paisaje, centrando su atención en lugares comunes donde aparentemente nunca ocurrió nada, hasta que la historia invisible que encierran los carga de singularidad.

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Joan Villaplana: Metropolis

El mundo del metro ha fascinado desde siempre a todo tipo de fotógrafos. Walker Evans, Bruce Davidson, Luc Delahaye o Christophe Agou, entre muchos otros, se han sentido atraídos en algún momento de sus vidas por todo lo que rodea al medio de transporte por excelencia en las grandes ciudades. Uno de los últimos en sumarse a esta lista de exploradores del subsuelo metropolitano ha sido Joan Villaplana, fotógrafo que descubrí gracias al programa “Fotografies” de la televisión autonómica catalana, con un trabajo titulado “Metropolis”.

El proyecto de Villaplana comparte ciertas similitudes con los trabajos de los fotógrafos anteriormente mencionados, en el sentido de que todos ellos tienen como protagonistas a los usuarios del metro, pero a diferencia de éstos, la acción, o la ausencia de ella, se desarrolla en los andenes de las estaciones en lugar de los vagones de los trenes.

Retratados siempre frontalmente, los andenes de “Metropolis” se transforman así en escenarios, separados del lugar reservado a los espectadores por esa fosa de orquesta que son las vías, en los que los propios pasajeros, convertidos en actores temporales, interpretan inconscientemente uno de los papeles más teatrales de nuestra vida cotidiana: el acto de esperar.

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