Urgell cantonada Borrell

Es un goteo discreto pero incesante. Las casetas de churros lentamente desaparecen de Barcelona. El Ayuntamiento de Barcelona decidió en 1990 que no daría nuevas concesiones para que ocupen la vía pública, por lo que cada vez que se jubila el dueño de una parada –mucho después de los 65, en la mayoría de casos– se produce la misma escena. Los hijos, que son los únicos con derecho a ‘heredar’ la concesión, han seguido otros caminos profesionales y declinan seguir con el negocio. Los padres no insisten, pues aspiran para ellos un trabajo mejor, sin jornadas maratonianas, festivos al pie del cañón y la estrechez de la parada. El consistorio sólo autoriza cambios de nombre en la concesión entre familiares de primer grado de consanguinidad, es decir, de padres a hijos y entre hermanos. Así que, tras bajar la persiana el último día, la parada se desmonta y se retira para siempre de esa calle o plaza. Otro barrio barcelonés queda sin churrería.

– Meritxell M. Pauné, Los puestos de churros de Barcelona, en peligro de extinción

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