¿Marcos? No, gracias

Es ese nuevo paradigma de laboratorio fotográfico, que son los programas de edición digital, que hace posible que con frecuencia el osado usuario recurra a todo tipo de ornamentos y accesorios que le ofrece el software, sin ser consciente que al introducir la fotografía en un marco artificial reduce el alcance artístico de sus fotografías. Ya que ese es un elemento más del conjunto de la imagen, un suplemento connotativo de su fotografía. Algo así como un elemento fijo que, como en las viejas películas de dibujos animados, soporta de manera artificial el desarrollo de la acción de los personajes.

Así nos encontramos con álbumes de usuarios de redes sociales como Flickr, repletos de estos artificios innecesarios. Usuarios que construyen sus imágenes como si de postales turísticas se tratara. Mención aparte a las firmas, autógrafos que adornan las esquinas de sus estampas. Nada decimos de las marcas de agua, que todo lo más son intentos por preservar la violación de la autoría de las imágenes.

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